La partida de Rafaela Eva Aguirre Cano, conocida cariñosamente como Doña Rafa, generó una profunda muestra de solidaridad y duelo en la zona de Santa Rosa y entre exalumnos del Bachi 2 (Colegio de Bachilleres Plantel 2). Su fallecimiento, registrado el 17 de noviembre, fue acompañado de múltiples mensajes en redes sociales que destacaron su generosidad y el impacto que tuvo en varias generaciones de estudiantes.
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Cuatro décadas de servicio y cercanía con la comunidad
Durante más de 40 años, el puesto “Doña Rafa, Tortas y Burritos” se convirtió en un punto de encuentro para jóvenes del Bachi 2, la Primaria 18 de Marzo y trabajadores de oficinas cercanas. Su negocio, ubicado en la calle Décima, trascendió por el sabor de sus preparaciones y por el trato cálido que ofrecía a quienes acudían por un burrito o una torta en medio de sus jornadas escolares.
Exalumnos recuerdan que, incluso cuando alguien no podía pagar, ella nunca negó un plato. Sus burritos de carne deshebrada y tortas preparadas al momento formaron parte de la rutina de miles de estudiantes, quienes encontraron en su puesto un espacio de apoyo en días complicados.
Recuerdos que permanecen en generaciones de estudiantes
En redes sociales, decenas de testimonios resaltaron que su comida era más que alimento: representaba la solidaridad que marcó etapas escolares difíciles. Muchos mencionaron que un burrito de Doña Rafa podía cambiar el ánimo de una mañana pesada, mientras que la convivencia en la esquina de la calle Décima se volvió parte de la identidad estudiantil del plantel.
Mensaje de despedida y agradecimiento de su familia
Su hijo, Beto, confirmó la noticia mediante un mensaje en el que agradeció las muestras de cariño hacia su madre. Destacó que Doña Rafa vio pasar incontables generaciones y que su legado permanece en quienes recibieron no solo comida, sino también un trato afectuoso que marcó sus vidas.
Servicios funerarios y despedida final
La velación se realizó el 18 de noviembre en la Funeraria Latinoamericana, seguida de una misa en la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad. Más tarde, familiares y amigos acompañaron el sepelio en el panteón Colina, donde se le dio el último adiós.
En el barrio de Santa Rosa, su ausencia deja un vacío significativo. Para la comunidad, no se fue únicamente la mujer detrás de un puesto de comida, sino una figura entrañable cuya presencia acompañó a generaciones enteras de estudiantes.
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