Mientras el gobierno federal asegura que el sistema de salud en México está en camino a “ser como el de Dinamarca”, miles de familias enfrentan una realidad opuesta: no hay medicamentos, ni insumos, ni hospitales en condiciones óptimas. Para pacientes con cáncer, esto no es solo un problema administrativo; es una cuestión de vida o muerte.
Alejandro Barbosa, fundador de la asociación civil Nariz Roja, ha documentado desde hace 15 años el abandono a pacientes oncológicos, en especial niños. Su postura es tajante: “Esto es un genocidio”. Acusa directamente a exfuncionarios como Hugo López-Gatell, a quien considera responsable de la crisis actual por sus decisiones en política sanitaria durante la pandemia y la transición del sistema de compras.
Medicinas ausentes, obras millonarias
Mientras los hospitales siguen sin medicamentos, activistas y pacientes denuncian que miles de millones de pesos se han destinado a proyectos de infraestructura sin impacto directo en la salud, como el aeropuerto de Santa Lucía. Para ellos, el mensaje es claro: el gobierno ha priorizado propaganda sobre atención médica.
Pacientes con cáncer de mama y cáncer cervicouterino relatan la angustia que viven al retrasar tratamientos por falta de fármacos: “El cáncer avanza, y con cada día de espera, nuestro cuerpo pierde la batalla”.
Un ultimátum y una promesa
El colectivo de afectados lanzó un ultimátum: si el abasto no se regularizaba, realizarían una protesta nacional el 29 de junio. Sin embargo, días antes, Alejandro perdió a su padre a causa del cáncer. Tres días después del funeral, recibió una invitación a dialogar con autoridades federales, quienes prometieron que en julio el abasto de medicamentos se normalizará.
Aunque decidió suspender la marcha, Barbosa dejó claro que esto no se trata de una tregua política, sino de una esperanza renovada de que, esta vez, el gobierno cumpla su palabra. “No pedimos milagros, pedimos medicamentos. Háganlo bien”, enfatizó.
Una campana, una esperanza
Niños y adultos que enfrentan diariamente la lucha contra el cáncer esperan que en julio lleguen los medicamentos prometidos. Para ellos, tocar la campana que simboliza el fin del tratamiento representa un triunfo que aún les es negado.
“Que ya no pase esto”, piden con voz frágil, pero firme, quienes solo buscan una oportunidad de sanar con dignidad.
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