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Impuesto al refresco genera críticas por su impacto económico y falta de claridad en su destino

Consumidores cuestionan el objetivo real del gravamen, al considerar que no ha reducido el consumo ni mejorado la salud pública.

El llamado impuesto a los refrescos continúa generando inconformidad entre distintos sectores de la población, quienes lo consideran una carga económica adicional que no ha cumplido con el propósito de mejorar la salud. A pesar de haber sido presentado como una medida preventiva, ciudadanos señalan que su aplicación solo ha encarecido el costo de vida sin modificar los hábitos de consumo.

Consumidores rechazan el argumento de salud pública

Para muchos ciudadanos, el aumento al precio de las bebidas azucaradas no representa una estrategia efectiva para proteger la salud, sino una acción recaudatoria. Señalan que, pese al encarecimiento del producto, el consumo se mantiene, por lo que consideran inválido el argumento de que la medida busca el bienestar de la población infantil.

Algunos entrevistados expresaron que el impuesto es percibido como una imposición que afecta directamente al bolsillo, sin ofrecer beneficios visibles para la sociedad.

Dudas sobre la efectividad del impuesto al refresco

Cuando la medida fue aprobada, se insistió en que su finalidad era desincentivar el consumo y reducir los índices de obesidad. Sin embargo, críticos señalan que en otros países este tipo de gravámenes no ha demostrado cambios significativos en los patrones de consumo.

Incluso, se menciona que organismos internacionales han puesto en duda la eficacia de estos impuestos al no existir evidencia concluyente de que generen mejoras reales en la salud pública.

Señalamientos sobre su carácter recaudatorio

Especialistas citados durante el análisis consideran que el impuesto tiene un enfoque principalmente recaudatorio, ya que los recursos obtenidos no se encuentran claramente etiquetados para programas de salud.

De acuerdo con esta postura, si el objetivo fuera sanitario, el ingreso generado debería destinarse de forma exclusiva y transparente a acciones médicas, prevención o atención de enfermedades relacionadas con el consumo de azúcar.

Cuestionamientos al uso del gasto público

Otro de los reclamos expuestos se centra en el destino del dinero recaudado. Ciudadanos consideran necesario revisar en qué se ejerce el gasto público, al señalar que existen rubros que no resultan eficientes y requieren constantes recursos sin generar resultados visibles.

Esta percepción ha incrementado el descontento, al considerar que el impuesto únicamente incrementa los costos para la población sin una rendición clara de cuentas.

Inconformidad social por el encarecimiento de la vida

Para algunos consumidores, el impuesto al refresco representa un ejemplo de cómo se incrementan los precios bajo argumentos que no se reflejan en beneficios directos.

Señalan que, mientras los costos continúan aumentando, la atención a la salud no muestra avances palpables, lo que refuerza la percepción de que el gravamen responde más a necesidades financieras que a políticas públicas efectivas.

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