Durante la temporada de primavera y verano, miles de personas acuden a balnearios para refrescarse ante las altas temperaturas. Sin embargo, persiste una creencia muy difundida: que no se debe nadar después de comer.
Esta idea, transmitida por generaciones, ha sido desmentida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que señala que la respuesta depende más del tipo y la cantidad de comida consumida que de una regla general.
La OMS: “Comer y nadar no son incompatibles”
Según la OMS, si una persona ha ingerido un refrigerio ligero, puede entrar al agua sin necesidad de esperar. Por el contrario, si se ha comido en abundancia, lo ideal es dejar pasar al menos 30 minutos para evitar posibles molestias gastrointestinales, como calambres o pesadez.
Esta aclaración busca eliminar el temor infundado que ha llevado a muchas familias a evitar el contacto con el agua tras una comida, lo cual no siempre es necesario ni justificado.
Escucha a tu cuerpo
Especialistas en salud recomiendan prestar atención a las señales del propio cuerpo: si se siente pesadez o somnolencia, lo mejor es esperar. Pero si la comida fue ligera y hay energía para nadar, no hay ningún impedimento médico real.
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