La incertidumbre crece con cada hora. A una semana de la desaparición de diez trabajadores mineros en Sinaloa , entre ellos un chihuahuense originario del seccional Lázaro Cárdenas, en Meoqui, sus familiares continúan sin respuestas claras sobre su paradero.
Se trata de Saúl Alberto Ochoa Pérez, quien laboraba como supervisor de seguridad minera y tenía poco más de un año trabajando fuera del estado. Desde el pasado viernes 23 de enero, nadie ha logrado comunicarse con él.
Su familia describe estos días como un periodo marcado por la angustia, la tensión y el miedo.
¿Quién es el minero de Meoqui desaparecido en Sinaloa?
Saúl Alberto dejó Chihuahua por motivos laborales, buscando mejores oportunidades para su esposa y sus tres hijos. Dentro de la empresa se desempeñaba en el área de seguridad, supervisando protocolos y condiciones de trabajo.
De acuerdo con su hermano Iván Ochoa, nunca habían enfrentado una situación similar.
“Estamos en angustia por no saber nada, ni de él ni de sus compañeros. Cada día se hace más pesado”, relató.
Retraso en aviso a autoridades genera dudas
Uno de los puntos que más inquieta a la familia es que, según su versión, la empresa no notificó de inmediato la ausencia de los trabajadores.
La desaparición ocurrió el viernes, pero el reporte formal se habría realizado hasta el martes siguiente, varios días después. Fue la esposa de Saúl quien recibió la llamada donde le informaron lo sucedido.
Para los familiares, ese lapso pudo haber sido crucial para acelerar la búsqueda.
¿Qué ha dicho la Fiscalía sobre la desaparición de los mineros?
La Fiscalía de Sinaloa mantiene abierta una carpeta de investigación y ha desplegado acciones de búsqueda en la región. Sin embargo, hasta ahora no se han dado a conocer resultados concretos.
En días recientes circularon versiones sobre el hallazgo de credenciales presuntamente pertenecientes a los trabajadores, pero dicha información fue considerada no confirmada por las autoridades.
Mientras tanto, las familias permanecen a la espera de datos oficiales.
Familiares descartan exigencias económicas o amenazas
Otro elemento que genera extrañeza es que, hasta el momento, no ha existido contacto alguno para solicitar rescate ni mensajes dirigidos a la empresa. Iván señaló que, en experiencias previas, cuando ocurren desapariciones de trabajadores suele existir algún tipo de exigencia, situación que en este caso no ha sucedido.
Tampoco se tenían antecedentes de amenazas o conflictos contra la compañía minera.
La espera golpea a diez familias
Más allá de la investigación, la preocupación se concentra en el impacto humano. Son diez hogares los que permanecen en vilo, esperando una llamada o noticia que confirme que sus seres queridos están a salvo.
“Son padres, hijos, esposos, hermanos. Hay muchas familias sufriendo por no saber nada”, expresó su hermano. A pesar del desgaste emocional, mantienen la esperanza de que todos regresen con bien.
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